En este lugar los misioneros
de Yarumal, se donan con alegría, luchan por mejorar
las condiciones de vida de la gente, construyen pozos que garanticen
el agua de la vida, invitan a guardar parte de la cosecha para
los momentos de hambre, construyendo graneros que la comunidad
maneja estrictamente. Se construyen centros de salud que den
esperanza de vida a los habitantes de la región y se
va de casa en casa vacunando a los niños. Se construyen
escuelas y se tiene un programa para educar a los jóvenes
de la región, pues los adultos nunca cambiarán
su mentalidad ancestral. Algunos padres de familia aceptaron
llevar sus hijos a la escuela. Al presentar sus hijos dijeron
a los profesores: “aquí os los traemos, pero que
nos darán a cambio?”
La Iglesia es la presencia silenciosa
que pregona con el trabajo la dignidad humana, la fraternidad
universal, la entrega como alternativa al consumismo actual.
La vida misionera es realización, es desprendimiento,
es sencillez, es enculturación, es contemplar en el
cielo estrellado la grandeza de Dios. Es descubrir en las manos
encallecidas la capacidad transformadora de la humanidad, es
penetrar los corazones para descubrir fuentes de agua viva,
que nos llevan a valorar la creación y nos obliga en
conciencia a compartir con los menos afortunados: Los Mafá.
Los mismos cameruneses que vienen
del sur, donde todo es fértil, se maravillan de la agreste
topografía, de la capacidad tan grande de subsistencia
de los Mafá, y de la capacidad de entrega de los misioneros
que son capaces de vivir felices en situaciones extremas de
pobreza, altas temperaturas, enfermedades incontroladas, poca
esperanza de vida y todo lo extremo, pues como dicen los mismos
cameruneses en el extremo norte todo es extremo. Pero la gente
Mafá nos enseña que el amor es más importante
que la posesión de muchas cosas.
En esta región los misioneros
de Yarumal tenemos dos parroquias: Djingliya, en la parte alta
de la montaña. Allí funciona una escuela, un
dispensario, construcción de pozos, y varios proyectos
de promoción humana entre los cuales se destaca la promoción
de la mujer, de los jóvenes y los niños, paralelo
a la vivencia de la fe, mediante la formación de catequistas
y el programa catecumenal, que tiene una duración de
cuatro años y asegura la formación integral de
los nuevos cristianos y fortalece la vida de las comunidades
de base en torno a las cuales gira la vida de la Iglesia.
La parroquia de Ouzal, de igual
manera, se ha embarcado en el proyecto diocesano de la promoción
humana que busca el crecimiento de todas las personas sean
o no cristianos.
Con el programa se busca fortalecer
los aspectos más importantes de la vida Mafá:
Obtención y conservación del agua, mejoramiento
de las cosechas y adecuado almacenamiento, atención
a la salud, a la educación, al ahorro para los momentos
más difíciles y sobre todo la formación
humana para que la gente a partir de su propia realidad pueda
trascender la vida y encontrar al Jesús del evangelio
que se ha donado para que todos tengamos la vida y la tengamos
en abundancia.
El trabajo de los misioneros
busca ayudar a las personas a ser cada día más
responsables de su propia vida, a ser cada vez más la
imagen de Dios.
Padre
Luis Carlos Fernández
Misionero Javeriano de Yarumal
Una Historia para reflexionar
Un cargador de
agua de la India tenia dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros.
Una de las vasijas tenia varias grietas, mientras que la otra era perfecta y
conservaba toda el agua al final del largo camino a pie desde el arroyo hasta
la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota
solo tenia la mitad del agua.
Durante dos anos completos esto fue así diariamente, desde
luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros,
se sabia perfecta para los fines para los que fue creada.
Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de
su propia imperfección y se
sentía miserable porque solo podía hacer
la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.
Después de dos anos, la vasija quebrada le hablo
al aguador así diciéndole: "Estoy avergonzada
y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas
solo puedes entregar la mitad de mi carga y solo obtienes
la mitad del valor que deberías recibir."
El aguador, le dijo compasivamente: "Cuando regresemos
a la casa quiero que notes las
bellísimas flores que crecen a lo largo del camino." Así lo
hizo la tinaja. Y en efecto vio muchísimas flores hermosas a lo largo,
pero de todos modos se sentía apenada porque al final, solo quedaba
dentro de si la mitad del agua que debía llevar.
El aguador le dijo entonces: "Te diste cuenta de que las flores solo
crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar
el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo
lo largo del camino por donde vas y todos los días
las has
regado y por dos años yo he podido recoger estas flores
para decorar el altar de mi Maestro. Si no fueras exactamente
como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible
crear esta belleza."
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas,
pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas
para obtener buenos resultados. No lo olvides. NO SOMOS PERFECTOS.
POR EL PAÍS SE LA JUEGAN LOS
JÓVENES
La guerra concretiza
y expresa los sentimientos de odio que hay en el corazón.
Cuando hay intereses económicos esta toma proporciones
incalculables: sufren las familias, los hombres perecen en
combate, las madres sufren la perdida de sus hijos y sus
esposos, los niños lloran la desaparición de
los seres queridos, y los jóvenes que son desempleados
ven en la guerra la posibilidad de tener algún dinero
y sobre todo ejercer el poder de las armas sin pensar jamás
que el don sagrado de la vida está en peligro y que
se lucha por razones que solo los poderosos conocen. La guerra
en África siempre se tribaliza, la culpa es social,
todos son responsables del error del individuo y cada individuo
es culpable de los errores de la tribu.
La misma naturaleza no escapa
al odio entre hermanos. La fauna, abundante y única
de África desaparece, la flora es destruida y la tierra
queda inhabilitada por las minas camufladas que cada año
mutilan y matan niños y mujeres que buscan agua o leña
para preparar sus alimentos o que se desplazan por los caminos
y veredas cuidando sus rebaños.
La desnutrición y el
hambre hacen estragos, la malaria cobra muchas víctimas,
la fiebre tifoidea diezma la población y las expectativas
de vida se ven totalmente reducidas, pues las condiciones de
vida no permiten vivir dignamente a los pobres que son la mayoría.
A causa de la desnutrición cualquier enfermedad puede
acabar con la vida pues el cuerpo no tiene las defensas para
combatirla.
Los recursos, de por si reducidos,
ponen en actitud de lucha a los poderosos que son los más
voraces y dejan a los pobres buscando entre las rocas el alimento
cotidiano.
Las armas son un negocio muy
lucrativo. No las producen los pobres, y permiten que sus fabricantes
y comerciantes lleven una vida lujosa a costa de la muerte
de muchos inocentes.
Estar en país de guerra
y ver las consecuencias de esta, la destrucción por
doquier, los humanos mutilados, los desaparecidos por millares,
el hambre por doquier, los campos abandonados, siempre nos
inquieta y escandaliza. ¿Por qué permiten que
los humanos se maten, por qué producir armas para vivir
bien a costa de la muerte de los indefensos?
Los jóvenes angoleños
quieren contribuir a la reconstrucción de su país,
están ávidos de conocimientos, quieren prepararse
para la reconstrucción del país. En la parroquia
de Viana, donde estamos los misioneros de Yarumal, se está preparando
a los jóvenes en sistemas, en Inglés y francés,
en derechos humanos y cultivo de los valores y se pide a cada
joven 10 dólares para el pago de profesores, pero muchos
jóvenes no pueden siquiera acercarse a las clases porque
no tienen con que pagar.
Es posible pensar, a la luz
del evangelio en el dolor de los pobres, de los afectados de
guerra, y ofrecer una oración por ellos. Es posible
adoptar un joven y con 10 dólares abrirle el futuro
a los que quieren construir y no destruir.
Es nuestro deber de cristianos
proteger la vida, la dignidad humana, la naturaleza, el planeta.
No podemos esperar que todo sea destruido para lamentarnos.
Un proverbio indígena
dice:
Solo después que el último árbol
haya sido derribado, el último pez haya sido muerto,
el último río envenenado, ustedes se darán
cuenta que el dinero no se come.
Unamos esfuerzos, luchemos por
la vida, defendamos la dignidad humana en los países
más pobres del planeta, el hambre y la guerra son una
vergüenza para la humanidad. Los violentos no construyen,
solo las personas movidas por la fe, la esperanza y el amor
pueden brindar al mundo el sentido para el que Dios lo ha creado.
Padre Luis
Carlos Fernández
Misionero Javeriano de Yarumal
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