Cielo, roca y manos trabajadoras.
Los montes Mandará en el extremo norte de Camerún,
impactan por su superficie rocosa, por la población que
se ha arraigado en la montaña para defenderse de tribus
hostiles que pretendían esclavizarlos, por la carencia
de agua y por la capacidad que tienen sus habitantes para extraer
lo que el suelo les puede ofrecer: un poco de millo o algo de
cacahuetes durante la estación de lluvias y por la forma
cónica de construir sus viviendas en piedra, barro y paja.
Nunca construyen una choza grande que pueda albergar toda la
familia, sino un conjunto de pequeñas chozas cónicas
que le agregan colorido al paisaje.
El cielo Mafá pleno de estrellas, hijas de la luna, ofrece
al observador un espectáculo deslumbrante, por la cantidad
de estrellas que aparecen a la vista, en donde todas las constelaciones
se ven claramente dibujadas y el visitante se deleita viendo
las estrellas fugaces que a cada momento trazan señas
luminosas de un extremo a otro del cielo.
El sistema de agricultura es ancestral:
entre las rocas hacen pequeñas terrazas y ahí siembran el millo, que
les da algo para vivir. Las mujeres y algunos hombres trabajan
entre las rocas, a temperaturas altísimas y prácticamente
encorvados, pues sus herramientas de trabajo tienen que ser pequeñas
por las características del terreno. Sus manos encallecidas
y duras muestran lo abrupto del terreno y lo duro del trabajo.
El 6 de Junio tuvimos bautismos de adultos en la montaña,
y la unción se hizo en la frente y en las manos. Aplicar
el óleo santo en las manos encallecidas de todos las personas,
en su mayoría jóvenes fue una sorpresa impactante.
Tanto trabajo para obtener tan poco, tanta confianza en las lluvias
que pueden o no venir, tanta paciencia para ir moldeando y removiendo
las rocas, y en medio de tanta austeridad los rostros alegres
que acogen, que comparten lo poco que tienen, y sobre todo brindan
una sonrisa de esperanza al observador extranjero que sería
incapaz de vivir en tales circunstancias.
En este lugar los misioneros de Yarumal,
se donan con alegría,
luchan por mejorar las condiciones de vida de la gente, construyen
pozos que garanticen el agua de la vida, invitan a guardar parte
de la cosecha para los momentos de hambre, construyendo graneros
que la comunidad maneja estrictamente. Se construyen centros
de salud que den esperanza de vida a los habitantes de la región
y se va de casa en casa vacunando a los niños. Se construyen
escuelas y se tiene un programa para educar a los jóvenes
de la región, pues los adultos nunca cambiarán
su mentalidad ancestral. Algunos padres de familia aceptaron
llevar sus hijos a la escuela. Al presentar sus hijos dijeron
a los profesores: “aquí os los traemos, pero que
nos darán a cambio?”
La Iglesia es la presencia silenciosa
que pregona con el trabajo la dignidad humana, la fraternidad
universal, la entrega como
alternativa al consumismo actual. La vida misionera es realización,
es desprendimiento, es sencillez, es enculturación, es
contemplar en el cielo estrellado la grandeza de Dios. Es descubrir
en las manos encallecidas la capacidad transformadora de la humanidad,
es penetrar los corazones para descubrir fuentes de agua viva,
que nos llevan a valorar la creación y nos obliga en conciencia
a compartir con los menos afortunados: Los Mafá.
Los mismos cameruneses que vienen
del sur, donde todo es fértil,
se maravillan de la agreste topografía, de la capacidad
tan grande de subsistencia de los Mafá, y de la capacidad
de entrega de los misioneros que son capaces de vivir felices
en situaciones extremas de pobreza, altas temperaturas, enfermedades
incontroladas, poca esperanza de vida y todo lo extremo, pues
como dicen los mismos cameruneses en el extremo norte todo es
extremo. Pero la gente Mafá nos enseña que el amor
es más importante que la posesión de muchas cosas.
En esta región los misioneros de Yarumal tenemos dos
parroquias: Djingliya, en la parte alta de la montaña.
Allí funciona una escuela, un dispensario, construcción
de pozos, y varios proyectos de promoción humana entre
los cuales se destaca la promoción de la mujer, de los
jóvenes y los niños, paralelo a la vivencia de
la fe, mediante la formación de catequistas y el programa
catecumenal, que tiene una duración de cuatro años
y asegura la formación integral de los nuevos cristianos
y fortalece la vida de las comunidades de base en torno a las
cuales gira la vida de la Iglesia.
La parroquia de Ouzal, de igual manera,
se ha embarcado en el proyecto diocesano de la promoción
humana que busca el crecimiento de todas las personas sean
o no cristianos.
Con el programa se busca fortalecer
los aspectos más
importantes de la vida Mafá: Obtención y conservación
del agua, mejoramiento de las cosechas y adecuado almacenamiento,
atención a la salud, a la educación, al ahorro
para los momentos más difíciles y sobre todo la
formación humana para que la gente a partir de su propia
realidad pueda trascender la vida y encontrar al Jesús
del evangelio que se ha donado para que todos tengamos la vida
y la tengamos en abundancia.
El trabajo de los misioneros busca
ayudar a las personas a ser cada día más responsables de su propia vida, a
ser cada vez más la imagen de Dios.
Padre Luis
Carlos Fernández
Misionero Javeriano de Yarumal
POR EL PAÍS SE LA JUEGAN LOS JÓVENES
La guerra concretiza
y expresa los sentimientos de odio que hay en el corazón. Cuando hay intereses económicos
esta toma proporciones incalculables: sufren las familias,
los hombres perecen en combate, las madres sufren la perdida
de sus hijos y sus esposos, los niños lloran la desaparición
de los seres queridos, y los jóvenes que son desempleados
ven en la guerra la posibilidad de tener algún dinero
y sobre todo ejercer el poder de las armas sin pensar jamás
que el don sagrado de la vida está en peligro y que
se lucha por razones que solo los poderosos conocen. La guerra
en África siempre se tribaliza, la culpa es social,
todos son responsables del error del individuo y cada individuo
es culpable de los errores de la tribu.
La misma naturaleza
no escapa al odio entre hermanos. La fauna, abundante y única de África desaparece, la flora
es destruida y la tierra queda inhabilitada por las minas camufladas
que cada año mutilan y matan niños y mujeres que
buscan agua o leña para preparar sus alimentos o que se
desplazan por los caminos y veredas cuidando sus rebaños.
La desnutrición y el hambre hacen estragos, la malaria
cobra muchas víctimas, la fiebre tifoidea diezma la población
y las expectativas de vida se ven totalmente reducidas, pues
las condiciones de vida no permiten vivir dignamente a los pobres
que son la mayoría. A causa de la desnutrición
cualquier enfermedad puede acabar con la vida pues el cuerpo
no tiene las defensas para combatirla.
Los recursos, de por
si reducidos, ponen en actitud de lucha a los poderosos que
son los más
voraces y dejan a los pobres buscando entre las rocas el alimento
cotidiano.
Las armas son un negocio muy lucrativo. No las producen los
pobres, y permiten que sus fabricantes y comerciantes lleven
una vida lujosa a costa de la muerte de muchos inocentes.
Estar en país de guerra y ver las consecuencias de esta,
la destrucción por doquier, los humanos mutilados, los
desaparecidos por millares, el hambre por doquier, los campos
abandonados, siempre nos inquieta y escandaliza. ¿Por
qué permiten que los humanos se maten, por qué producir
armas para vivir bien a costa de la muerte de los indefensos?
Los jóvenes angoleños quieren contribuir a la
reconstrucción de su país, están ávidos
de conocimientos, quieren prepararse para la reconstrucción
del país. En la parroquia de Viana, donde estamos los
misioneros de Yarumal, se está preparando a los jóvenes
en sistemas, en Inglés y francés, en derechos humanos
y cultivo de los valores y se pide a cada joven 10 dólares
para el pago de profesores, pero muchos jóvenes no pueden
siquiera acercarse a las clases porque no tienen con que pagar.
Es posible pensar, a
la luz del evangelio en el dolor de los pobres, de los afectados
de guerra, y ofrecer
una oración
por ellos. Es posible adoptar un joven y con 10 dólares
abrirle el futuro a los que quieren construir y no destruir.
Es nuestro deber de cristianos proteger la vida, la dignidad
humana, la naturaleza, el planeta. No podemos esperar que todo
sea destruido para lamentarnos.
Un proverbio indígena
dice:
Solo después que el último árbol haya sido
derribado, el último pez haya sido muerto, el último
río envenenado, ustedes se darán cuenta que el
dinero no se come.
Unamos esfuerzos, luchemos por la
vida, defendamos la dignidad humana en los países más pobres del planeta, el
hambre y la guerra son una vergüenza para la humanidad.
Los violentos no construyen, solo las personas movidas por la
fe, la esperanza y el amor pueden brindar al mundo el sentido
para el que Dios lo ha creado.
Padre Luis Carlos
Fernández
Misionero Javeriano de Yarumal
Experiencia de Lare
Prefectura de Gambela en el occidente de Etiopía
La parroquia de Lare, en límites con Sudán, cuenta
con población en su mayoría Nuer. Son personas muy
altas, delgados, provenientes de Sudán. Se dedican a la
ganadería. Son gente afable y acogedora. Allí trabajan
el Padre Melquisedec Sánchez Villamizar y la Laica misionera
Jean Juma, una kenyana de 30 años que ha entregado parte
de su vida a las misiones. Ella es la encargada del hostal que
tiene la misión en donde viven 100 jóvenes que vienen
de las aldeas, allí reciben sus alimentos y se hace una
labor educativa y de refuerzo intelectual. Como estamos en límites
con Sudan es posible conseguir un permiso para entrar al país
y visitar algunos pequeños poblados. Es impactante la cantidad
de gente que está llegando a estos lugares, muchos en calidad
de refugiados que están entrando de Etiopía, a donde
habían huido a causa de la guerra.
El lugar es de clima ardiente, y la ONU ha establecido algunos
lugares estratégicos con carpas a donde llegan miles de
personas y después de algunos días parten hacia sus
lugares de origen. Sudán ha cambiado mucho. Hace algunos
años toda la gente estaba armada, ahora solo los policías
y soldados, y han ido decomisando las armas que tenía la
gente, pero también es verdad que al haber presencia del
gobierno, los grandes ejercen su autoridad para beneficio propio
y siempre los más humildes son los que sufren.
La guerra deja huellas imborrables en las personas, y saber que
el sur de Sudan lo disputan los árabes del norte por la
cantidad de petróleo. En el sur de Sudán la mayoría
de la gente es cristiana o animista, mientras en el norte son musulmanes
y siempre hacen aparecer la guerra como religiosa, pero en realidad
es por la cantidad de petróleo que han descubierto en el
sur.
Hablando de la misión, que gente tan acogedora y bondadosa
la que habita estos lugares. Gente de mucho sacrificio, capaces
de caminar grandes jornadas, bajo el sol inclemente y gente que
vive con lo mínimo. Tienen la capacidad de vivir el momento
intensamente. Si están alegres lo son de verdad, si se alimentan
disfrutan lo que comen, sin están en la iglesia lo viven
con pasión, si están en el río, es una algarabía,
y si tienen disgustos pueden ser violentos en extremo. Fácilmente
encontramos la máxima bondad y la violencia más temeraria
en las mismas personas.
Etiopia, es un país de cultura antiquísima, toda
la historia bíblica la comparten, y tienen personajes como
la reina de Saba, que según la tradición viajó a
Jerusalén a conocer al rey salomón, a hacer alianzas
y a aportar los regalos del reino. Las relaciones con Israel son
muy fuertes y se cree que muchos etíopes son judíos
puros.
La gente etiope es muy religiosa, son ortodoxos unos y musulmanes
otros, y el ayuno y la oración es muy fuerte. Impacta ver
como un pueblo tan necesitado haga que la gente ayune exageradamente.
Es muy de ellos el dar limosna y es muy común encontrar
en las calles de Addis Ababa, mucha gente pidiendo limosna.
La gente etiope es amable, y se van metiendo en un ritmo de desarrollo
que tiene que dar respuesta a las necesidades de 80 millones de
personas.
Vivió un régimen comunista con Mengistu Haile Mariam,
quien luego fue derrocado y se exiló en Zimbawe.
Mengistu reemplazó en el poder al emperador Haile Selasie,
cuyo nombre era Tafari. El titulo que le daban cuando era príncipe
era ras Tafarí, de ahí viene el nombre de los famosos
rastafarians de Jamaica, que inmortalizaron el reggae y se creían
descendientes del emperador a quienes consideraban un Dios. En
Addis hay un lugar especial para los rastafarians.
Etiopia, un país tan antiguo, con tanta cultura está en
movimiento. Los abisinios como se les llama, han defendido su territorio
y ha sido el único país africano que impidió ser
colonia de las potencias occidentales. Ese es el gran orgullo de
los etíopes, quienes son combatientes famosos y han sabido
defender su cultura y su libertad a través de los años.
Padre Luis Carlos
Fernández
Misionero Javeriano de Yarumal
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