El
Rincon de Tacho
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Paisasin quiere compartir con sus
lectores los articulos y experiencias del padre misionero Luis
Carlos Fernández, también conocido como Tacho.
Cielo, roca y manos trabajadoras.
Los montes Mandará en el
extremo norte de Camerún, impactan por su superficie rocosa,
por la población que se ha arraigado en la montaña
para defenderse de tribus hostiles que pretendían esclavizarlos,
por la carencia de agua y por la capacidad que tienen sus habitantes
para extraer lo que el suelo les puede ofrecer: un poco de millo
o algo de cacahuetes durante la estación de lluvias y por
la forma cónica de construir sus viviendas en piedra, barro
y paja. Nunca construyen una choza grande que pueda albergar toda
la familia, sino un conjunto de pequeñas chozas cónicas
que le agregan colorido al paisaje.
El
cielo Mafá pleno de estrellas, hijas de la luna,
ofrece al observador un espectáculo deslumbrante,
por la cantidad de estrellas que aparecen a la vista, en
donde todas las constelaciones se ven claramente dibujadas
y el visitante se deleita viendo las estrellas fugaces que
a cada momento trazan señas luminosas de un extremo
a otro del cielo.
El sistema de agricultura es ancestral: entre las rocas hacen pequeñas
terrazas y ahí siembran el millo, que les da algo para vivir. Las mujeres
y algunos hombres trabajan entre las rocas, a temperaturas altísimas y
prácticamente encorvados, pues sus herramientas de trabajo tienen que
ser pequeñas por las características del terreno. Sus manos encallecidas
y duras muestran lo abrupto del terreno y lo duro del trabajo. El 6 de Junio
tuvimos bautismos de adultos en la montaña, y la unción se hizo
en la frente y en las manos. Aplicar el óleo santo en las manos encallecidas
de todos las personas, en su mayoría jóvenes fue una sorpresa impactante.
Tanto trabajo para obtener tan poco, tanta confianza en las lluvias que pueden
o no venir, tanta paciencia para ir moldeando y removiendo las rocas, y en medio
de tanta austeridad los rostros alegres que acogen, que comparten lo poco que
tienen, y sobre todo brindan una sonrisa de esperanza al observador extranjero
que sería incapaz de vivir en tales circunstancias.
En este lugar los misioneros de Yarumal,
se donan con alegría, luchan por mejorar las condiciones de
vida de la gente, construyen pozos que garanticen el agua de la vida,
invitan a guardar parte de la cosecha para los momentos de hambre,
construyendo graneros que la comunidad maneja estrictamente. Se construyen
centros de salud que den esperanza de vida a los habitantes de la
región y se va de casa en casa vacunando a los niños.
Se construyen escuelas y se tiene un programa para educar a los jóvenes
de la región, pues los adultos nunca cambiarán su mentalidad
ancestral. Algunos padres de familia aceptaron llevar sus hijos a
la escuela. Al presentar sus hijos dijeron a los profesores: “aquí os
los traemos, pero que nos darán a cambio?”
La Iglesia es la presencia silenciosa
que pregona con el trabajo la dignidad humana, la fraternidad universal,
la entrega como alternativa al consumismo actual. La vida misionera
es realización, es desprendimiento, es sencillez, es enculturación,
es contemplar en el cielo estrellado la grandeza de Dios. Es descubrir
en las manos encallecidas la capacidad transformadora de la humanidad,
es penetrar los corazones para descubrir fuentes de agua viva, que
nos llevan a valorar la creación y nos obliga en conciencia
a compartir con los menos afortunados: Los Mafá.
Los mismos cameruneses que vienen
del sur, donde todo es fértil, se maravillan de la agreste
topografía, de la capacidad tan grande de subsistencia de
los Mafá, y de la capacidad de entrega de los misioneros que
son capaces de vivir felices en situaciones extremas de pobreza,
altas temperaturas, enfermedades incontroladas, poca esperanza de
vida y todo lo extremo, pues como dicen los mismos cameruneses en
el extremo norte todo es extremo. Pero la gente Mafá nos enseña
que el amor es más importante que la posesión de muchas
cosas.
En esta región los misioneros
de Yarumal tenemos dos parroquias: Djingliya, en la parte alta de
la montaña. Allí funciona una escuela, un dispensario,
construcción de pozos, y varios proyectos de promoción
humana entre los cuales se destaca la promoción de la mujer,
de los jóvenes y los niños, paralelo a la vivencia
de la fe, mediante la formación de catequistas y el programa
catecumenal, que tiene una duración de cuatro años
y asegura la formación integral de los nuevos cristianos y
fortalece la vida de las comunidades de base en torno a las cuales
gira la vida de la Iglesia.
La parroquia de Ouzal, de igual manera,
se ha embarcado en el proyecto diocesano de la promoción humana
que busca el crecimiento de todas las personas sean o no cristianos.