El
Rincon de Tacho
To
read version in English
Paisasin quiere compartir con sus
lectores los articulos y experiencias del padre misionero Luis
Carlos Fernández, también conocido como Tacho.
Por el País se la Juegan los Jóvenes
La guerra concretiza y expresa
los sentimientos de odio que hay en el corazón. Cuando
hay intereses económicos esta toma proporciones incalculables:
sufren las familias, los hombres perecen en combate, las madres
sufren la perdida de sus hijos y sus esposos, los niños
lloran la desaparición de los seres queridos, y los jóvenes
que son desempleados ven en la guerra la posibilidad de tener
algún dinero y sobre todo ejercer el poder de las armas
sin pensar jamás que el don sagrado de la vida está en
peligro y que se lucha por razones que solo los poderosos conocen.
La guerra en África siempre se tribaliza, la culpa es
social, todos son responsables del error del individuo y cada
individuo es culpable de los errores de la tribu.
La misma naturaleza no escapa al odio
entre hermanos. La fauna, abundante y única de África
desaparece, la flora es destruida y la tierra queda inhabilitada
por las minas camufladas que cada año mutilan y matan niños
y mujeres que buscan agua o leña para preparar sus alimentos
o que se desplazan por los caminos y veredas cuidando sus rebaños.
La desnutrición y el hambre
hacen estragos, la malaria cobra muchas víctimas, la fiebre
tifoidea diezma la población y las expectativas de vida se
ven totalmente reducidas, pues las condiciones de vida no permiten
vivir dignamente a los pobres que son la mayoría. A causa
de la desnutrición cualquier enfermedad puede acabar con la
vida pues el cuerpo no tiene las defensas para combatirla.
Los recursos, de por si reducidos,
ponen en actitud de lucha a los poderosos que son los más
voraces y dejan a los pobres buscando entre las rocas el alimento
cotidiano.
Las armas son un negocio muy lucrativo.
No las producen los pobres, y permiten que sus fabricantes y comerciantes
lleven una vida lujosa a costa de la muerte de muchos inocentes.
Estar en país de guerra y ver
las consecuencias de esta, la destrucción por doquier, los
humanos mutilados, los desaparecidos por millares, el hambre por
doquier, los campos abandonados, siempre nos inquieta y escandaliza. ¿Por
qué permiten que los humanos se maten, por qué producir
armas para vivir bien a costa de la muerte de los indefensos?
Los jóvenes angoleños
quieren contribuir a la reconstrucción de su país,
están ávidos de conocimientos, quieren prepararse para
la reconstrucción del país. En la parroquia de Viana,
donde estamos los misioneros de Yarumal, se está preparando
a los jóvenes en sistemas, en Inglés y francés,
en derechos humanos y cultivo de los valores y se pide a cada joven
10 dólares para el pago de profesores, pero muchos jóvenes
no pueden siquiera acercarse a las clases porque no tienen con que
pagar.
Es posible pensar, a la luz del evangelio
en el dolor de los pobres, de los afectados de guerra, y ofrecer
una oración por ellos. Es posible adoptar un joven y con 10
dólares abrirle el futuro a los que quieren construir y no
destruir.
Es nuestro deber de cristianos proteger
la vida, la dignidad humana, la naturaleza, el planeta. No podemos
esperar que todo sea destruido para lamentarnos.
Un proverbio indígena dice:
Solo después que el último árbol
haya sido derribado, el último pez haya sido muerto, el último
río envenenado, ustedes se darán cuenta que el dinero
no se come.
Unamos esfuerzos, luchemos por la
vida, defendamos la dignidad humana en los países más
pobres del planeta, el hambre y la guerra son una vergüenza
para la humanidad. Los violentos no construyen, solo las personas
movidas por la fe, la esperanza y el amor pueden brindar al mundo
el sentido para el que Dios lo ha creado.
Padre Luis Carlos
Fernández
Misionero Javeriano de Yarumal