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Esta sección esta dedicada a mostrar nuestra cultura y a presentar a esos personajes de nuestra historia paisa que se destacaron y aún se destacan por generar progreso en nuestras tierras.

Sentido Homenaje

El principal inspirador que tuve años atrás para decidirme por el tema que tendría esta página (Cultura Paisa) de él cuando pequeño oí de parte de mi querido abuelo Eduardo Uribe Amador maravillosas historias que con el tiempo quedarían, hoy quiero rendirle homenaje a este gran emprendedor mi Tatarabuelo, Carlos Coroliano Amador Fernández


Pepe Sierra

Llegó a ser el hombre más rico de Colombia a principios del siglo XX. De campesino y cultivador humilde en su natal Girardota  pasó a ser comerciante, inversionista, prestamista y dueño de un vasto número de tierras e inmuebles en Cundinamarca, Valle del Cauca, Antioquia, Santander, Boyacá, Tolima y Panamá. Su vida y obra han tenido visos de leyenda. Lo único cierto es que es uno de los negociantes más célebres en la historia empresarial de Colombia.

 El arriero más rico del país DON PEPE SIERRA, prototipo del empresario antioqueño

José María Sierra Sierra, más conocido como don Pepe Sierra, "El Becerro de oro" o "El Campesino Millonario'' es junto con Marco A. Restrepo "El Rey de la Leña", Carlos Coriolano Amador "El Burro de oro", y Gonzalo Mejía "El Fabricante de Sueños', miembro del selecto grupo de personajes que ha dado vida al mítico prototipo del empresario antioqueño, pragmático, hábil e ingenioso para traer dinero. Caso único en la historia de Colombia, se dice que llegó a ser más solvente que todo el gobierno de su época. La manera sencilla como un campesino de origen humilde acumuló y administró una de las mayores fortunas del siglo XIX y principios del XX, lo ha convertido en un personaje de leyenda.

Don Pepe Sierra nació en 1848 en Girardota, bella población situada al norte de Medellín, famosa por sus trapiches, el aguardiente de contrabando, los gallos de pelea y el santuario del Señor Caído. A la endogamia entre los Sierra se atribuyeron los desequilibrios mentales en varios miembros de la familia. La educación de don Pepe no sobrepasó el silabario, la suma y la resta. Pero eso no importó. Ya anciano y rico, contestó a quien pretendió enseñarle la ortografía de la palabra "hacienda": "Mire, joven, yo tengo setenta haciendas sin h, ¿y usted, cuántas tiene con h?".

Según su nieto y biógrafo Bernardo Jaramillo Sierra (Medellín: Bedout, 1947), inició la acumulación de fortuna en la juventud, trabajando duro en el campo en la cría de ganado, siembra de caña y fabricación de panela la consolido en la madurez con el remate de las rentas y finalmente la invirtió en bienes raíces. La expansión de su Patrimonio se dio en el siguiente orden: Valle de Aburrá, Calle Real (Carrera 7a.), Sabana de Bogotá y Valle del Cauca. Don Pepe siempre tuvo claro que con una economía inflacionaria como la colombiana, lo único que engordaba eran los lotes de terreno y el ganado que pastaba en ellos.

A los catorce años tuvo su primera parcela. La araba de día y en las noches de luna. Sábados y domingos era arriero subía panela a San Pedro, porque en tierra fría la pagaban mejor, y bajaba papa a Girardota y Copacabana. La yunta fue su único juguete los gallos de pelea y los bueyes se convirtieron en su símbolo del lucro."Hasta ya viejos los bueyes dan plata engordándolos", repetía. A los veinte años contrajo matrimonio con Zoraida Cadavid y a los veintiocho tenia en su haber varios hijos naturales y cuatro legítimos, muchas haciendas que se extendían entre Itagüí y Barbosa, y el control de los precios de la panela y de la vara de sierra en el Valle del Aburrá.

En 1886 pasó a residir en Medellín. Allí fundó varías sociedades como "La Cuarta Compañía", dedicada a la cría de ganado y a la siembra de extensos cañaduzales para abastecer de melaza a sus fábricas de aguardiente, va prósperas en todo el departamento. La sobreproducción de los alambiques se evacuaba a través de la organización de intempestivas fiestas en los pueblos, concertadas con los curas y los alcaldes, quienes prestaban santo para procesión y plaza para la corrida de toros, a cambio de participación en las ganancias. El eficiente manejo que hizo de esta compañía le dio renombre a don Pepe en Antioquia como negociante creativo y habilidoso.

El primer viaje a Bogotá lo realizó en 1888. Fue el principio de una residencia de 26 años en la capital, donde se inició como apostador y gallero en los bajos fondos de San Victorino y terminó en la Calle Real, en medio de los bancos y de los opulentos. Casó a su hija Clara con un hijo del ex presidente Rafael Reyes, pisó con frecuencia las alfombras del Palacio de San Carlos y llegó a ser el mayor propietario de sierras y ganado de la Sabana. Rápidamente desapareció la timidez del campesino, convencido de ser el único capaz de sacar de apuros a los paupérrimos gobiernos de su época. Los presidentes Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro, Carlos y Jorge Holguín, José Manuel Marroquín, Rafael Reyes, Ramón González Valencia y Carlos E. Restrepo estuvieron en su lista de clientes. Don Pepe nunca participó abiertamente en la política partidista, pero en la primera página de su libreta de cuentas y apuntes estampó el lema del régimen nuñista: "Regeneración o catástrofe".

Inició la conquista de Bogotá con el remate de la renta de degüello de ganado y el cuero de Cundinamarca, pero luego se sintió casi con derechos perpetuos sobre las rentas, lo cual le granjeó enemigos y problemas. Don Pepe aprovechó la coyuntura económica de su época, caracterizada por la permanente crisis que al fisco nacional produjeron las rebeliones internas. Durante la Regeneración, luego de la guerra civil de 1885, el problema tocó fondo. Rafael Núñez intentó solventar las finanzas públicas a través de la reactivación del remate y monopolios estatales, de abundante emisión de papel moneda de curso forzoso y de la colocación de bonos y libranzas en el mercado. Los remates eran el medio para procurarse anticipos de individuos particulares. Estos generalmente eran muy solventes, dado que se les exigían garantías económicas (hipotecas, fianzas, depósitos monetarios anticipados) a cambio del privilegio de gozar de las seguras utilidades producidas por tales monopolios. Vertiginosamente él se convirtió en el más fuerte rematador y prestamista a nivel nacional, con base en un simple sistema administrativo de negocios, pero con una intrincada red de agentes diseminada por todo el país, encargados de negociar con especuladores particulares y gobiernos locales la adjudicación de las apetecidas, jugosas y hasta insólitas rentas, como aquella del monopolio del hielo en Panamá, establecida en el gobierno de Reyes.

Extendió el negocio del aguardiente al Valle del Cauca junto con Apolinar, uno de sus hermanos esquizderénicos. En la hacienda San José de Palmira y en otras de Cali y Yumbo, creó uno de los imperios agroindustriales de la región, comparable sólo con los de la familia Eder. Las siembras tecnificadas de caña y la maquinaria francesa "Egrot" produjeron por muchos años el mejor licor del país. También en el Cauca remató la hacienda Salento y otros bienes del ciudadano italiano Ernesto Cerruti, puestos en subasta por el gobierno de Popayán (ello dio origen al célebre conflicto Cerruti durante las décadas de 1880 -90, que trajo como consecuencia un escándalo internacional, el bloqueo de la costa norte colombiana por parte de la armada de Italia y una fuerte multa para resarcir los perjuicios a ese empresario extranjero).

Parece que su parecido fisco con Bismarck era asombroso. Sin embargo, a causa de un accidente de coche cerca a San Victorino, quedó descaderado de por vida y ligeramente desfigurado. Gustaba de los paseos a caballo por Medellín y los potreros de las fincas, y en carroza por la capital. Las contrariedades diarias de la administración de los negocios, junto con los cotidianos problemas de la casa, acentuaban su acostumbrado mal humor. Desde su juventud fue un apostador empedernido en las galleras de Girardota, Itagüí, Medellín y Bogotá. Se enojaba con los hijos, no porque jugaban mucho sino porque siempre perdían.

El hombre más rico de Colombia vivía de manera franciscana: nada de lujos ni cosas superfluas su fama de mujeriego iba acompañada por la de egoísta y tacaño consideraba el ahorro como el valor fundamental. Cuando arribó a las altas esferas bogotanas, no aumentó en lo más mínimo los gastos de representación social de su familia. Las residencias en Medellín y Bogotá, hoy desaparecidas, eran amplias y austeras, más dispuestas para tratar negocios que para ostentar. Su despacho constaba de sólida mesa de varios puestos, cómodos sofá para la siesta y una desvencijada máquina de escribir. Esa era la escenografía donde don Pepe, apoyado en sus altas dotes histriónicas, representaba al desesperado e incauto auditorio de vendedores de inmuebles, magistrales libretos escritos por él mismo en los papeles de cuentas. Tratándose de negocios, era implacable su rigidez y fingido desinterés no tenían consideración: el cliente era un enemigo que, en la farsa, siempre llevaba la peor parte.

Don Pepe fue empresario financista de la última etapa de los ferrocarriles en Colombia. A él se debió la terminación del Ferrocarril de Amagá y parte del Ferrocarril del Pacifico. Fue fundador del Banco de Sucre, del Banco Central y de la Compañía del Hielo en Panamá. Pero en todos fracasó: así comprobó su principio de que sólo la propiedad raíz era la única y verdadera generadora de riqueza segura.

Al final de sus días, fue atacado por crisis nerviosas y fuerte arteriosclerosis, acompañada de crónico desinterés por los negocios. La familia empeoró la situación: gastaba a manos llenas en Europa, sin prestar atención a la administración de las fincas, en muchas de las cuales se construyeron lujosos palacetes, como el del Chicó, al norte de Bogotá, convertido hoy en museo.

En la biografía sobre su abuelo, Bernardo Jaramillo anotó que las negociaciones de Pepe Sierra serian vistas hoy como irregulares pero fue el débil sistema económico colombiano lo que dejó al Estado en manos de prestamistas como única forma de garantizar su funcionamiento. Entonces no existían medios como el control de cambios, ni un emisor sistemático y acreditado, y si graves problemas como una tasa de cambio entre el diez mil y el quince mil por ciento y fuerte inestabilidad política. La comercialización anticipada de los ingresos fiscales del Estado se mantuvo a disposición del mejor postor.

Pepe Sierra murió en 1921 en su casa de la plazuela de San Ignacio de Medellín y la fortuna que creó, a pesar de las múltiples subdivisiones, sigue siendo sólida. Su nombre es recordado por uno de los más ricos y jocosos anecdotarios populares, y su vida y obra son temas de trabajo de los especialistas, como que resulta básico para comprender muchos aspectos de la historia social y empresarial del país. Banco de la Republica

Empresario antioqueño (Girardota, 1847 - Medellín, 1921). José María Sierra Sierra, más conocido como don Pepe Sierra, el arriero más rico del país, constituye uno de los genios de las finanzas públicas y privadas en Colombia durante de la Regeneración y los primeros años de este siglo, notable por su enorme y pragmático ingenio para hacer y manejar grandes capitales. Don Pepe Sierra perteneció a una sencilla familia de campesinos. Su educación no sobrepasó las primeras letras. Según su nieto y biógrafo Bernardo Jaramillo Sierra, don Pepe empezó su fortuna en la juventud, trabajando duro en la cría de ganado, sembrando caña y fabricando panela; la consolidó en la madurez, con el remate de las rentas, y finalmente la invirtió en bienes raíces. Adquirió grandes extensiones de tierra suburbana en el Valle de Aburrá, en la Sabana de Bogotá y en el Valle del Cauca, pues siempre tuvo claro que con una economía inflacionaria como la colombiana, sólo la tierra y el ganado eran inversiones seguras. Residió en Bogotá a partir de 1888. Desde entonces controló el remate de las rentas más importantes del país. Don Pepe aprovechó la coyuntura económica de su época, caracterizada por la permanente crisis que producían al fisco nacional las guerras civiles y el escaso comercio de exportación, que no permitía ingresos por cobros de aranceles. En 1885 la crisis fiscal se agudizó, y el presidente Rafael Núñez intentó solventar las finanzas públicas a través del remate de las rentas y los monopolios del Estado. Los remates de las rentas de aguardiente, papel sellado, degüello de ganado; sal, hielo, etc., eran el medio con el cual el gobierno se procuraba anticipos en efectivo. El valor de esas rentas era muy cuantioso, de ahí que pocos individuos pudieran entrar a rematar. Vertiginosamente, don Pepe Sierra se convirtió en el más fuerte rematador del país y en el prestamista y financiador por excelencia del gobierno nacional. Este estuvo en sus manos durante las presidencias de Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro, Carlos y Jorge Holguín, José Manuel Marroquín, Rafael Reyes, Ramón González Valencia y Carlos E. Restrepo. Tal preponderancia se reflejó en el matrimonio de su hija con un hijo de Reyes. No necesitó constituir bancos para el manejo de sus capitales. Con base en un simple sistema administrativo de negocios, pero con una compleja red de agentes en todo el país, encargados de negociar la adjudicación de las apetecidas rentas, montó todo un imperio financiero. En algunas ocasiones, Sierra producía directamente el aguardiente que generaba la renta. Por ello extendió el negocio de destilación al Valle del Cauca; en Palmira, Cali y Yumbo montó una agroindustria cañamelera bien tecnificada, que produjo por muchos años el mejor licor del país. Don Pepe vivía de manera franciscana en Bogotá y Medellín. Consideraba el ahorro como el valor fundamental. Tratando negocios era implacable, los clientes tenían para él carácter de enemigos. Fue financista de la última etapa de construcción de los ferrocarriles de Amagá y del Pacífico. Fundó algunas empresas, como la Compañía del Hielo de Panamá. Allí fracasó, comprobando su principio de que sólo la propiedad raíz era la única y verdadera generadora de riqueza segura. Don Pepe previó el crecimiento urbano de Bogotá hacia el norte. Sus haciendas en esta zona, como la del Chicó, son hoy la más próspera realidad urbanística de la capital. Pepe Sierra murió en Medellín en 1921. Su vida y actuaciones siguen siendo fundamentales para conocer la historia fiscal, social y empresarial del país durante el período de hegemonía conservadora.


Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.


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Refranes comunes en la Cultura Paisa
  • Antioqueño no se vara
  • Antioqueño que se respete pide rebaja
  • Antioqueño tiñe pero no destiñe
  • Arrieros somos y en el camino nos encontraremos
  • Amor de lejos, amor de pendejos.
  • A caballo regalado no se le mira el colmillo
  • A gato viejo, ratón tierno
  • Al que madruga Dios lo ayuda.
  • Amigo en la adversidad, amigos de verdad.
  • Amigos y libros: pocos y buenos.
  • Aprende bien a callar, para que sepas hablar bien.
  • Árbol que nace torcido, nunca se endereza
  • Cada quien es dueño de su miedo
  • Come y bebe, que la vida es breve
  • Crea fama y échate a la cama
  • Cría cuervos y te sacarán los ojos.
  • De golosos y tragones están llenos los panteones.
  • De los parientes y el sol, entre más lejos, mejor
  • De tal palo, tal astilla
  • Del dicho al hecho, hay mucho trecho
  • Despacio voy, porque de prisa estoy
  • Dime cuanto tienes y te diré cuanto vales
  • Donde hay gana, hay maña
  • En casa de herrero, cucharón de palo
  • El diablo sabe más por viejo que por diablo
  • Perro viejo, ladra sentado
  • El mal escribano le echa la culpa a la pluma
  • El pez muere por la boca
  • El que pega primero, pega dos veces
  • El que da y quita, con el diablo se desquita
  • El que resa y peca empata
  • El que es un buen gallo en cualquier corral canta
  • El que mal anda, mal acaba.
  • El que mucho habla, mucho equivoca
  • Le metieron gato por liebre
  • Las cosas se parecen a sus dueños
  • La pereza es la madre de todos los vicios
  • La palabra es playa, el silencio oro.
  • La mejor palabra es la que no se dice.
  • La cruz en el pecho y el diablo en los hechos.
  • Honra y dinero se ganan despacio y se pierden ligero
  • Hijo mimado, hijo malcriado.
  • Haz bien y no mires a quien
  • Es mejor deber dinero y no favores.
  • Entre marido y mujer, nadie se debe meter
  • La ropa sucia se lava en casa.
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