¿Por qué votaría por
Mockus...?
Cuando nací, en julio de 1974, el presidente electo era
el liberal Alfonso López Michelsen. Poco supe de él.
Sólo que se inventó una ventanilla siniestra para
que los narcos lavaran la platica en el Banco de la República
y que su primo hermano, Jaime Michelsen Uribe, desfalcó al
grupo Grancolombiano en miles de millones de pesos dejando en la
calle a muchos ahorradores.
Luego, cuando tuve alguito de uso de razón, en 1978, fue
electo el también liberal Julio César Turbay Ayala.
De él supe un poco más, pero no más alentador.
Tenía una política que se conocía como el
Estatuto de Seguridad que en el papel era para preservar la democracia
y en la práctica era para matar a comunistas armados y desarmados.
Además, el M-19 se le tomó una embajada llena de
embajadores y se le fueron para Cuba muertos de la risa. Para la
posteridad sólo lo recordaría como la inspiración
de los mejores chistes idiotas de idiotas que hubiese podido escuchar.
Ahora para contárselos a mi hijo le tengo que hacer una
clase de historia de este pintoresco personaje.
Después, en 1982, con algo de criterio infantil, el mejor
de todos, vi como un ser salido de la poesía recitaba discursos
con un tono que fácilmente curaba el insomnio de cualquier
esquizofrénico. Había derrotado a un pelado joven
de greñas rebeldes, bigote novelero y carisma arrollador
y al cuchito López que era viejito desde que yo era un bebé.
Ese joven era Luis Carlos Galán Sarmiento, a quien le debo
mi amor por los temas políticos y el odio por la política
y su uso nacional, no por su ejemplo, sino porque esa política
lo asesinó. A Belisario, con ese tono que le salía
con su paquidermismo para actuar, el M–19 también,
mandado por Pablo Escobar, se le tomó la Corte Suprema de
Justicia y masacró el único poder público
respetable en el país. Si de verdad el “M” hubiese
querido hacerle un favor al país, se hubieran metido al
circo del frente cruzando la Plaza de Bolívar. Con Belisario empezó el narcoterrorismo también. Antes de lo del
Palacio, los narcos mataron a su Ministro de Justicia Rodrigo
Lara Bonilla y empezó la cacería de jueces, magistrados,
periodistas y todo al que se les opusiera. Belisario no
era un Presidente, era un poeta jugando a mandar y mandaba con poesía
barata y resultados costosos a merced de quien de verdad pudiera
mandar.
Un país subyugado al narcotráfico le tocó recibir
a Virgilio Barco Vargas en 1986. El tipo no era malo, pero estaba
enfermo. Cuando tenía lucidez sabía gobernar, cuando
no, su secretario privado negociaba el país con los narcos.
Ya no hablaba bien, el altzhaimer lo tenía consumido.
Después Cesar Gaviria, en 1990, asumió la presidencia
por casualidad, por error, porque mataron al verdadero Presidente,
Luis Carlos Galán Sarmiento. Gaviria no fue un Presidente,
fue un negociante. Sabía que debía combatir el narcotráfico
pero también que tenía que quedar bien con todo el
mundo. Con las encuestas, con los gringos, con el Congreso, con
la oposición… vendió el alma a dios y al diablo,
jugó en todos los bandos, pasó por encima de la conciencia
moral de sus políticas y mandó a Colombia de nuevo
a la guerra narcoterrorista por apresar y dejar volar a un megaasesino
como Pablo Escobar a quien después tuvo que matar.
Después llegó Samper en 1994. Él quería
ser Presidente. No importaba cómo. Y fue presidente
apoyado por el narcotráfico. Lo pillaron y no pudo gobernar pero
se pudo salvar de la cárcel que merecía porque compró a
sus investigadores, corruptos congresistas. Terminó su mandato,
pero no gobernó.
En 1998 llegó Pastrana, aún más ingenuo y
tonto que Belisario, con la misma “nobleza” bienintencionada
que sólo le dio más poder a la guerrilla para que
secuestraran al país entero.
En 2002, un hombre de hablar paisa enérgico devolvió la
fe al país. Álvaro Uribe Vélez. De carrera
política intachable. Desde concejal hasta presidente siempre
un ejemplo de “varón”. Iba a acabar con la guerrilla,
malditas cucarachas de agua puerca. En 4 años el país
estaría depurado de esta lacra que el bobalicón de
Pastrana dejó crecer como espuma. 4 años no fueron
suficientes y se hizo reelegir en 2006. Volvió a arrasar.
4 añitos más y las cucarachas rogarían piedad
ante el Baygón Uribe. Entre tanto, sus amigos los paras
se iban a negociar con los Estados Unidos irrisorias penas a cambio
de su silencio en Colombia y dejar gobernar al patrón. Los
terratenientes legalizaron las tierras que usurparon a los campesinos
y les dieron platica del Gobierno para poner a producir tierra
abonada con sangre. Los ricos acapararon las riquezas y los pobres
engrosaron los cinturones de miseria de las ciudades. Los ricos
pudieron llegar más fácil a Anapoima y los pobres
llegaron más fácil a ser más pobres. Sin embargo,
hubiese ganado otra vez en 2010 para tener 4 años más
para matar a esas malditas cucarachas de “la far” si
la Corte Constitucional no salva la poquita dignidad nacional.
Ahora unos quieren seguir sus pasos, otros se bajaron de ese bus
para coger su propio taxi y otros piensan que las cosas se pueden
hacer de una forma distinta. Yo no apoyo lo que hizo Uribe porque
acabar con guerrilleros no es acabar con la guerrilla, porque acabar
con los pobres no es acabar con la pobreza, porque darle la plata
a los ricos no es generar equidad, porque negociar con los paras
no es acabar con el paramilitarismo, la terratenencia y el narcotráfico,
porque ha mantenido su castillo sobre sólidos cimientos
de corrupción, porque tuvo un DAS de bolsillo para hacer
torcidos, porque quienes lo apoyan están en su mayoría
en la cárcel por hampones, porque es un buen gobernante
para los ricos dentro de un esquema rancio y corrupto, en
el que las élites se mantienen como opresores de una base ignorante
y torpe que se deja dominar. Eso para mí es Uribe y yo no
quiero más de eso, porque él representa una cultura
mafiosa que se vale de lo que sea para sostener el poder, así el
poder socabe las bases de una sociedad más justa. Me indigna
que sus hijos se hayan enriquecido por las bondades de las influencias
mientras no se puede tratar mejor a las víctimas de la violencia
porque no hay platica y colapse el sistema de salud con la emergencia
social porque no hay platica cuando sus hijos rebosan de rechonchos
de lo millonarios que se hicieron en estos 8 años. Para
mí este gobierno ha sido un asco y me ratifico, es
un asco elitista, plutocrático y corrupto. Además sigue habiendo
guerrilla, tanta, que ya son presidentes del país vecino.
Entonces, en el fondo, no logró ni siquiera la única
tarea que se le había confiado.
Ahora, yo si quiero algo distinto. Algo que rompa culturalmente
con este ciclo de politiqueros que nos han venido gobernando. Turbay fue enterrado con los máximos honores. López fue
enterrado con los máximos honores. En mi concepto, merecen
escupitajos sobre sus tumbas, una bandera rota y tirarlos como
injustamente lo hicieron con los falsos positivos, por ahí en
cualquier potrero. Seré duro y no me importa porque no tengo
el poder para que le importe a alguien, pero estas ratas lo único
que hicieron fue arraigar una cultura mafiosa que hoy hace más
valioso a un sicario rico que a un campesino pobre. Belisario
y Pastrana fueron la pequeña patria boba en dos cuotas diferidas
a 16 años que le permitieron a la guerrilla fortalecerse
como los hampones que son. Samper es el ícono vivo del cinismo
politiquero. Consultor de las causas morales cuando gobernó con
total inmoralidad. Le haría un funeral con honores, si fuese
necesario, si cumpliera la condición para ser beneficiario
de un funeral.
Yo quiero algo distinto. Cuando en 1993 un tipo desconocido con
nombre raro, rector de la Nacional, se bajó los pantalones
para mostrarle el culo a unos estudiantes saboteadores pensé dos
cosas: una, si fuera marica este man no me gustaría… que
culo tan desagradable, y dos, este tipo es un berraco, se bajó los
pantalones frente a unos manes que le pudieron haber insertado
una bomba molotov por el recto. Creo que este tipo es valiente.
En ese año era un adolescente de pensamientos básicos
y vulgares que conservo hasta hoy un poco más retóricos.
Pero si me quedó la sensación de que ese tipo iba
a hacer algo importante. No creí que fuera a ser político
porque el tipo no le cae bien a nadie. Habla aburridor,
mueve las manos como si las palabras se le fueran a caer y es más
enredado que un bulto de anzuelos. Además se peina como
un meme y no tiene nada de carisma. A mi me cae bien porque creo
que soy solidario con quienes solemos caer mal. Pensé que
por ser inteligente la política no le iba a gustar. Pero
no. Se lanzó a la alcaldía de Bogotá y por
primera vez en la capital arrasó el voto de opinión.
Puso mimos y gente disfrazada para que se respetara la cebra. A
mi me caló porque hasta ese momento, pensé que la
cebra sólo servía para que se notara mejor la sangre
de los peatones atropellados. Habló de “cultura
ciudadana” algo
inhóspito para muchos y para muchos sólo logró que
los carros no pisaran la bendita cebra.
El tipo siguió por ahí dando lora y volvió sin
atenuantes a la alcaldía a seguir haciendo lo suyo. Sólo
que ahora tenía puentes para mostrar, Transmilenio
para moverse y muchas cositas más que dejó Peñaloza,
un buen ejecutivo. Si por mí fuera, hubiese querido que
Peñaloza y Mockus se hubieran sucedido en la alcaldía
de Bogotá hasta que los dos se murieran. Bogotá progresó siglos
que el Polo está logrando hacernos reversar de nuevo. Uno
haciendo cosas y el otro enseñándolas a usar. Una
chimba la verdad.
Mockus es un tipo honesto. Manejando ese monstruo de ciudad jamás
se le hizo un escándalo de corrupción a él.
Quizás a sus subalternos, porque es un tipo que confía
aún en la gente. Grave error. Jamás actuó mal
deliberadamente. Dejó tirada la alcaldía para ser
presidente. Grave error. Tenía que terminar la tarea bien
hecha y no lo hizo. Pero ya pidió perdón, y yo, ya
lo perdoné.
El tipo sabe de cultura, habla de cultura, infunde cultura, pulula
cultura y no en el sentido erudito y odioso del profesor Bustillo,
la cultura de verdad, la que forma ciudadanos y ciudadanía,
la que permite convivir en paz y no con las “Convivir”.
Yo creo en eso y a eso le apuesto. Siempre dejamos esa tarea para
mañana porque primero hay que acabar con los “narcoterroristas
de la farc” mientras los narcoterroristas de la farc toman
ron con Chávez pensando cómo es que van a invadir
a este pueblo lleno de ignorantes porque la revolución bolivariana
lo va a amoldar todo con su reencarnación venezolana de
Bolívar. Yo quiero ciudadanos que sepan en su intelecto
por qué Chávez está loco y no ciudadanos que
lo reten a pelear para que “sea varón”. Varones
por montones en los cementerios es lo que hay en este país.
Yo quiero ciudadanos para que sean los ciudadanos conscientes los
que repudien a las Farc, y no un cúmulo de militares adoctrinados
para dar positivos así sean falsos. Yo quiero ciudadanos
para construir identidad nacional no por la carnita y los huesitos
sino por el cuaderno y el esfero. Yo quiero ciudadanos que sean
capaces de aborrecer la corrupción y tumbar a un presidente
corrupto como Samper y no unos humildes lacayos de salario mínimo
que por no perder su puestico respalden al que sea por un tamal
y una cerveza.
Quiero ciudadanos y los quiero ahora, no mañana, no en
cuatro u ocho años. Los quiero ya. Mockus encarna
eso y a eso le apuesto. Un tipo que habla enredado pero entiende fácil
que es la cultura la que hay que cambiar. La cultura del vivo,
la cultura del mafioso, la cultura del corrupto… esa cultura
hay que cambiarla. La guerrilla hay que desestimularla con ciudadanía
y conciencia, no con plomocracia, para que se extingan sus causas
históricas. Porque la revolución está en las
mentes, no en los fusiles. Porque así matemos a todos los
guerrilleros siempre habrá un terrorista que haga daño
amparado en las injusticias del sistema y la opresión y
dominación de una élite recalcitrante así ese
terrorista sea un simple hampón. La seguridad democrática
es inocua si no hay autoridad moral de quien la ejerce. Y Mockus
algo si tiene. Autoridad moral, honestidad y unas ganas inmensas
de cambiar una cultura que clama a gritos ser cambiada. No mañana,
no en cuatro años, no en ocho años cuando acabemos
con “la farc”. Lo necesitamos YA, a partir de este
instante para tener un punto de inicio e inflexión, para
cambiar de raíz y no de hojas. Porque las hojas se van en
otoño y vuelven en primavera pero el árbol torcido,
torcido se queda. Es hora de cambiar la cultura y la oferta está hecha.
Se llama Antanas Mockus Sivickas. Desde que mataron a Galán me prometí no apoyar a nadie. Con él mataron mis
ganas de participar con ahínco en estas lides. Pero Mockus es un buen tipo, como lo era Galán. Galán era buen
político. Mockus no, es malo, muy mal político, no
sabe de eso, gracias a Dios. Porque como buenos políticos
murieron Turbay, López, Barco y quizás lo hagan Belisario
y Pastrana. Samper que se muera como quiera. Pero que nos haga
el favor un día de estos. Buenos políticos pero pésimos
ciudadanos. Yo prefiero a este ciudadano mal político.
Y digo que “votaría” por él porque no
puedo votar. Estoy en Buenos Aires y mi cédula no está inscrita
acá. Pero si logro convencer a uno, a sólo un lector
o lectora para que vote por él, estaré tranquilo
con mi conciencia electoral y volveré a mi Colombia tratando
de ver nuevos ciudadanos, esos que respetan la cebra sin preguntar
por qué hacerlo y que no se robarían el erario público
porque saben que esa platica es de todos.
Sí, votaría por Antanas Mockus para iniciar desde
el gobierno el cambio cultural que nos permita entender que un
campesino merece más atención que un mafioso y que
esto quede escrito en un cuaderno y con un esfero para que no se
nos olvide como sociedad. Por eso votaría por Mockus.
Aclaración de Mockus
CUIDADANOS Y ACTIVISTAS DE LA OLA VERDE
Gracias a su trabajo estamos ante una movilización ciudadana histórica.
Me conmueve cada manifestación de afecto, cada esfuerzo ciudadano por
apoyar esto que estamos construyendo juntos. Estamos haciendo historia con la
primera campaña hecha por la gente en Colombia. Hoy más que nunca
siento que tenemos la capacidad de transformar profundamente la sociedad para
que cada vida sea sagrada, cada peso público se gaste bien y la ilegalidad
desaparezca.
Ayer seguí con algo de preocupación las manifestaciones
de varias personas que en las redes sociales expresaban sus ideas
en torno a unas declaraciones mías que he aclarado suficientemente,
pero que siguen siendo usadas por nuestros contradictores para
hacerme parecer como enemigo del Presidente Uribe y de los intereses
de Colombia. Aunque lo he dicho en varias partes, dado que ustedes
me acompañan todos los días, siento que debo darles
una explicación especial.
Estoy convencido de que en la raíz de muchos de los problemas
de Colombia está la cultura del atajo y la ilegalidad. Por
eso toda mi vida pública ha estado fundamentada en ejemplificar
y abogar por el cumplimiento estricto de la Constitución
y las leyes. Frente a múltiples hipótesis que se
han planteado en los debates públicos de la campaña,
mi respuesta siempre ha sido la misma: "lo que diga la Constitución,
es lo que haré". Este principio central ayuda a aclarar
muchas de las controversias que han surgido en los últimos
días:
Se ha dicho que yo extraditaría al Presidente Uribe o
al ex ministro Santos. Lo que dije es que siempre, siempre, acataré la
Constitución y las leyes y que en el caso hipotético
de que hubiera una norma constitucional o legal que me obligara
a hacerlo, lo haría. Sin embargo ha quedado suficientemente
claro que no existe tal norma, por lo que he reiterado que rechazo
la afirmación de que tenga la intención de extraditar
al presidente Uribe, al exministro Santos o a cualquier miembro
de la Fuerza Pública ante una hipotética solicitud
de la justicia ecuatoriana. No lo haría.
Admiración a Chávez. He dicho que un Jefe de Estado
tiene el mandato de manejar las relaciones con los países
vecinos con respeto, procurando siempre el bienestar de los colombianos.
Acato y no interfiero en la decisión autónoma del
pueblo venezolano de elegir a Chávez como su Presidente.
Así mismo, espero y exijo que ellos hagan lo mismo con el
pueblo colombiano. He reiterado que en cuanto a Venezuela debemos
ser prudentes y respetuosos y, en cambio, duros con las FARC y
el narcotráfico.
Mientras más crezca nuestra fuerza ciudadana, mientras mejor
nos vaya, mientras más unidos nos vean, más nos atacarán,
con más fuerza resaltarán nuestros errores y equivocaciones.
Pero estoy convencido que con la fuerza de nuestros argumentos
y la creatividad y energía de nuestro movimiento, podemos
sacar lo mejor de cada uno para alcanzar la transformación
que sabemos factible.
Recordemos siempre que seremos juzgados por nuestros métodos.
No nos dejemos provocar, no respondamos con la misma moneda. Al
final la consistencia prevalecerá.
Un abrazo,
ANTANAS MOCKUS
Mockus: antítesis de la politiquería
Tomado
de el Espectador
Por: Uriel Ortiz Soto
La fórmula: Mockus - Fajardo, es arrolladoramente sencilla, elemental
y pedagógica; sin bullicios y aspavientos; sin concentraciones ruidosas
como suelen hacer los candidatos de los partidos tradicionales; hay algo más
importante: sin derroche de dineros públicos.
Disponen de un equipo de colaboradores muy bien entrenados
y altamente capacitados para llevar el mensaje en cadena a sus seguidores.
Es
una forma distinta y elegante de hacer política; de llegar
al ciudadano para comprometerlo en la construcción de un nuevo
País. Sin promesas burocráticas, ni alianzas, ni compromisos
mediáticos, que es donde empieza a perderse la independencia
del futuro gobernante.
Siempre hemos dicho a través de esta columna que: la pureza
de los actos administrativos y por ende de la Administración
Pública, depende de la pulcritud y honestidad con que se ejerza
la actividad política.
Cuando el ejercicio de la política pierde su razón
de ser como institución fundamental en el manejo de los asuntos
del Estado, y de orientación ciudadana para estructurar planes
y programas de desarrollo en beneficio de las regiones; empiezan
a aparecer los feudos y gamonales, que con el ánimo de enriquecerse
rápidamente desconocen los principios y valores de tan noble
función pública, hasta convertirla en verdadero monumento
a la corrupción, el desprestigio y la deshonra de las instituciones
democráticas. Es, cuando sin ninguna vergüenza, ni respeto,
se releva por la politiquería, que es la forma ordinaria,
malévola y marrullera de querer intervenir en los asuntos
del Estado, sin ninguna preparación, con clara violación
de las normas legales existentes, así sea necesario ignorarlas
para dar paso a las alianzas y componendas indecorosas que en nada
benefician a ciudadanos y regiones que dicen representar.
Por lo anterior, existen razones fundamentales para que los ciudadanos
en Colombia, hayamos despertado del letargo en que nos ha tenían
sumidos los dirigentes políticos de las últimas décadas,
que además de incapaces y deshonestos, - con excepción
de unos pocos-, se encuentran en la presente campaña presidencial,
con la sorpresa de un candidato que les está hablando pedagógicamente
claro y duro, fustigándolos por la forma malévola en
que han venido manejando los destinos del País.
El candidato sorpresa que sin lugar a dudas dentro de muy pocos días
empezará a encabezar las encuestas, es el doctor Antanas Mockus,
Alcalde de Bogotá en dos oportunidades con magníficos
resultados para la ciudad; con su fórmula presidencial del
doctor Sergio Fajardo, también ex alcalde de Medellín,
a quién los antioqueños lo recuerdan con especial cariño
por la forma gerencial y honesta que desempeñó su cargo.
Decimos que el doctor Antanas, es la antítesis de la politiquería,
puesto que, en las dos ocasiones que regentó los destinos
de la Ciudad Capital, se caracterizó por su honestidad e independencia,
no fue tolerante con la corrupción, la administración
de los dineros públicos fueron de un exquisito manejo, que
hasta ahora nadie puede hacer señalamientos de peculados,
saqueo, desviación, complacencia o clientelismo. Se le recuerda
también, por haber sido un Alcalde Pedagogo. Su programa de
cultura ciudadana, le devolvió a la ciudad la tranquilidad
y seguridad, que se encontraban en manos de los desquiciamientos
propios de una metrópoli desordenada y ensordecedora.
La Candidatura del doctor Antanas Mockus, lanzada por el Partido
Verde y el movimiento Compromiso Ciudadano, está cogiendo tanta fuerza, que quienes
tenemos la oportunidad de manifestarnos a través de los medios de opinión,
quedamos gratamente sorprendidos por la forma en que los Colombianos la están
asimilando, decididos a llevar en primera vuelta a la presidencia de la República,
a persona que sea la antítesis de todas las vergüenzas que en los últimos
años viene padeciendo nuestro País, por culpa de la politiquería.
Nuestras instituciones legislativas se encuentran seriamente lesionadas por
casos de corrupción, como consecuencia lógica, la administración
pública en todos sus órdenes se encuentra al garete.
Finalmente, hay algo que es indispensable resaltar dentro de los programas
de gobierno que emprenderá el doctor Mockus, a partir del próximo
siete de Agosto próximo, y es el profundo respeto por la vida del ser
humano, sin menoscabar desde luego el principio de autoridad y de gobierno.
Pero, por encima de cualquier circunstancia prevalece el derecho a la vida.
Su sistema pedagógico para hacer entender a los ciudadanos que las leyes
no son para violarlas, sino para cumplirlas, son fáciles de asimilar,
estas llegan a la conciencia individual y colectiva de sus gobernados con mayor
facilidad para cumplirlas, puesto que, los estados represivos o pecuniarios,
muchas veces al aplicarse, van lanza en ristre contra las mismas autoridades.
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