Esta sección está dedicada
a mostrar la riqueza musical de la cultura paisa y a presentar a esos
personajes que han hecho historia a través de su música,
esperamos que sea de su agrado.
* Algunas de estas biografias han sido tomadas del libro "música
del pueblo pueblo" de Alberto Burgos Herrera.
Las Hermanitas Calle
Fabiola Calle nació en Bolívar (Antioquia) el 4 de diciembre
de 1955; sus padres Manuel y Tulia eran unos aficionados totales a la música
y aunque no profesionalmente en las reuniones de amigos y familiares siempre
tocaban tiple y cantaban; ellos tuvieron nueve hijos, cinco mujeres y cuatro
hombres de los cuales todas las mujeres fueron cantantes.
Don Manuel Calle era una especie de gitano que anduvo
por todos los pueblos del sur de Antioquia, el norte del Valle y el viejo
Caldas; por supuesto
su familia le acompañaba en esas correrías y por esa razón
algunos hijos eran antioqueños y otros, como Lucelly, fueron nacidos
en el Valle del Cauca.
Debido a esta forma de ser de don Manuel, iniciando
los años sesenta,
su familia se encontraba en Caicedonia (Valle). Por determinada situación
doña Tulia llevó a dos de sus hijas para que cantaran en
la emisora de la población en un programa de aficio¬nados; allí actuaron
Inés y Nelly Calle y los aplausos fueron en grande; lo curioso era
que entre el público de esa presentación estaba el compositor
de la conocida melodía Ocúltame esos ojos, Israel Motato.
Este señor que hizo tantas canciones y tan hermosas se emo¬cionó mucho
con las ya bautizadas Hermanas Calle.
Israel Motato les sugirió a don Manuel y a doña Tulia que
esas niñas tranquilamente podrían grabar; al padre, que era
muy puritano, esta idea no le gustó, pero a doña Tulia sí y
como siempre las que han mandado son las mujeres, a los pocos días
las Hermanas Calle, orientadas por Israel Motato y con la vigilancia de
doña Tulia estaban grabando en Discos Refalo de Bogotá.
Esto ocurrió en 1965, pero tal vez porque la voz de Inés
era muy delgada y la de Nelly un poco gruesa, allá opinaron que éstas
no concordaban y sólo les grabaron tres o cuatro canciones con las
que no pasó absolutamente nada. Israel Motato ya había escuchado
cómo cantaba Fabiola y le sugirió que hiciera dueto con Nelly,
pero ésta solo respondía:
-A mí no me gusta abrir la boca.
Tanto insistió Israel que por fin se formó el dueto y rápidamente
se acoplaron. Las llamaron entonces de Discos Victoria y grabaron Borracho
en la esquina, Quemé tus cartas, La pelo de oro y muchas otras más
que marcaron el inicio de las verdaderas Hermanas Calle y el comienzo de
sus grabaciones que hasta la fecha son 88, entre CD y discos de larga duración.
En ese entonces estos duetos solamente se hacían para grabaciones;
tanto es así que como Discos Victoria era una empresa todavía
incipiente, en sus ratos libres las Hermanas Calle llegaban a la fábrica
a ayudarle a don Otoniel Cardona, dueño de la empresa, a etiquetear
y a revisar los discos. De Victoria pasaron a Codiscos y como a todas partes
las acompañaba doña Tulia, les enviaron pasajes en avión
para hacer sus primeras grabaciones en esta empresa, incluido por supuesto
el de la mamá; pero a esta señora le daba mucho miedo montar
en avión, motivo que cambió los planes y del Valle del Cauca
llegaron a Medellín en un taxi que contrató Codiscos. Las
trataron supremamente bien, pues en realidad eran unas niñas, ya
que Fabiola tenía 13 años y Nelly 9.
Nelly Calle también nació en Bolívar (Antioquia)
el 4 de noviembre de 1959; cuando se casó, en 1982, se fue a vivir
a Estados Unidos donde permaneció tres años, los únicos
en que las Hermanas Calle dejaron de grabar.
Luego fueron exclusivas de Discos Vergara de Bogotá durante dos
años, volvieron a Discos Victoria donde estuvieron de exclusivas
dieciocho años, posteriormente regresaron a Sonolux y últimamente
lo hicieron para Discos Fuentes y Dago. La primera presentación
de las Hermanas Calle fue en la ciudad de Calarcá (Quindío),
en la celebración de los años de una emisora local y donde
alternaron con Los Golden Boys; aunque tuvieron mucho éxito la situación
fue difícil, pues era primera vez que estas niñas se enfrentaban
a cinco o diez mil personas.
En 1978 la familia Calle vino a vivir a Medellín. En cierta ocasión
invitaron a las Hermanas Calle a cantar en una heladería del barrio
Guayabal y allí hicieron su primera presentación en la capital
paisa; el éxito fue muy grande ya que era una novedad, pues no era
costumbre que en heladerías se presentaran conjuntos o cantantes
de música de carrilera; en esa actuación, por supuesto, también
estuvo doña Tulia, quien presenció cómo sus hijas
le daban categoría a este género y se convertían en
las pioneras en cuanto a presentaciones en público de estos duetos
y conjuntos de música montañera y guasca.
En esa heladería las escucharon los hermanos Salazar, dueños
de un estadero que se erigía como uno de los mejores en la ciudad
de Medellín llamado Los Recuerdos. Estos señores las llevaron
a ese sitio y las convirtieron en artistas de planta; se volvieron más
elitistas pues la concurrencia a ese establecimiento era de una clase superior
y las Hermanas Calle se convirtieron en las consentidas de esta otra clase
social. Allí alternaron con el Dueto de Antaño, Claudia de
Colombia, Garzón y Collazos, Espinosa y Bedoya, Yolanda del Río,
Leonardo Favio, Helenita Vargas, Víctor Hugo Ayala, Alberto Osorio
y muchos, pero muchos más.
Posteriormente las Hermanas Calle fueron el estandarte
de la música
de carrilera; incluso se les llegó a llamar Las Musas del Despecho
o Las Reinas de la Canción Cantinera. En sus primeras presentaciones
tuvieron como acompañantes a dos guitarristas, pero luego fueron
secundadas por Los Tres del Recuerdo, Los Cuatro del Ayer y Los Ases del
Recuerdo, grupos donde se destacaron músicos como los guitarristas
Darío Álvarez y Mario Velásquez, el baterista Jaime
Jiménez, el bajista Héctor Ríos, Carlos Serna, Julio
Pulgarín, Noé Osorio y José Raúl Ceballos.
En ese entonces el presidente Belisario Betancur recomendó a las
Hermanas Calle para que fueran presentadas en televisión a nivel
nacional y fue así como actuaron en los programas de Pacheco, el
Gordo Benjumea y otros. Las Hermanas Calle se han presentado en todas las
ciudades importantes e interme¬dias de Colombia como Cúcuta,
Bucaramanga, Tuluá, Cali, Manizales, Pereira, Armenia, Pasto e incluso
en la misma costa norte colombiana, en ciudades como Cartagena y Barranquilla
donde los llenos eran totales y lo curioso es que todo el público
coreaba sus canciones.
Hubo una época en que las Hermanas Calle iban dos veces al año
a Estados Unidos y se presentaban para las colonias latinas en ciudades
como Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Miami, etc. Posteriormente
fueron a Londres y les fue muy bien; pasaron a Madrid y el éxito
fue impresionante y también estuvieron en Venezuela y Ecuador. A
pesar de que cantan tanta música mexicana al estilo antioqueño,
las Hermanas Calle nunca han ido a México, aunque ya se sabe que
su música sí se ha vendido allá.
El 27 febrero del año 2003 falleció Nelly Calle a causa
de una enfermedad que la redujo a la cama durante dieciséis meses.
Fabiola no pensó jamás en continuar el dueto, pero la misma
radio, la televisión, el público y todos en general le decían
que no podía terminar esa tradición, que ahí había
otras hermanas que cantaban y que sabían el repertorio; tanto insistieron
sus fanáticos que Fabiola decidió continuar y hacer la segunda
etapa de las Hermanas Calle con su hermana menor Solángel; inmediatamente
les volvieron a grabar en Discos Fuentes y posteriormente en Dago; y la
propia Fabiola dice:
Nelly no nos perdonaría desde el cielo que dejáramos
morir el dueto.
En muchas de las grabaciones de las Hermanas Calle
el arreglista fue el trompetista cubano Al Díaz. El máximo éxito discográfico
de estas cantantes ha sido La cuchilla, pero han tenido otros corno Ojitos
verdes, Gaviota traidora, El puente roto, Media vida, Los dos pasajes,
El entusao, Mientras más me jodás, Pajarillo barranqueño,
Dos mujeres, Permiso a la reunión, Se te cayó el teatro,
Corazón de acero, Las cinco letras, Mi despedida, Parada de amor,
Me pertene¬ces, Llorarás llorarás, Domingo amargo, No
seas así, Boda a las diez, Rumbo al sur, Quién te arañó los
cachetes, Mi hijo y yo, Te volviste cantinera, Carta mentirosa, Por el
amor de mi madre y muchas más. Ellas han grabado fuera de corridos
y rancheras, pasillos, pasacalles, boleros, valses, bambucos y hasta música
bailable.
Cuenta Fabiola Calle que cierto día las llamó Otoniel Cardona,
dueño de Discos Victoria, para que grabaran un long play de doce
canciones, entre las cuales había una titulada La cuchilla. A ellas
todo les pareció bien menos la tal Cuchilla y la misma Fabiola argumentaba:
-Don Otoniel; ¿pero qué es eso tan feo?, ¿cómo
así que mato a tu mamá y que te rompo la cara?... no don
Otoniel ¡eso está muy feo!
-No; pero de todas maneras me la graban, que yo quiero grabarla.
Con seguridad las Hermanas Calle la grabaron a disgusto, pero para sorpresa
de ellas mismas esta canción compuesta por un mexicano desconocido
y arreglada por Jaime Rincón, pasó a ser la carta de presentación
de este dueto y además es uno de los estandartes de la música
guasca, campesina y mexicana al estilo antioqueño; mejor dicho,
La cuchilla es un clásico de la música guasca.
En el tiempo de los mañosos, de Pablo y de muchos otros, las Hermanas
Calle no se presentaban más, porque no tenían más
tiempo y todo porque la mayoría de los capos fueron campesinos y
amaban esta música. En ese momento de la mafia todos estos duetos
y conjuntos pasaron a cobrar unos precios que ni ellos mismos algún
día imaginaron; y tal vez por eso hoy en día un concierto
grande de música de carrilera es más caro que cualquier otro.
En ese desastroso y aterrador tiempo de la mafia,
un día las Hermanas
Calle iban a trabajar en Cali contratadas por un empresario local; pero
aconteció que cuando llegaron al aeropuerto las había dejado
el avión. Llamaron al empresario y éste les dijo: No; ¡ni
por el putas!; este patrón me tiene casi loco y dice que si no le
traigo esta noche a las Hermanas Calle voy a ser cadáver; ¡no!
ustedes tienen que venir. Váyanse al Aeropuerto Olaya Herrera, que
de ahí vuelan a Pereira y luego llegan a Cali.
No, nosotras no vamos a dar toda esa vuelta. ¡Por favor!, ¡si
yo no las llevo ese hijueputa me mata!
Casi llorando, el empresario las hizo ir hasta Pereira,
donde las esperaban cuatro camionetas Ranger; las Hermanas Calle subieron
a una de ellas y
en ese momento se desató la carrera más tremenda para llegar
a Cali, pues el mañoso las quería a ellas y la vida del representante
peligraba. Llegaron a las 11 de la noche, como pudieron se cambiaron dentro
del mismo carro y cuando hicieron presencia en el salón principal
apareció el mañoso que sólo tenía 21 años
de edad, abrazó a las Hermanas Calle y con dos revólveres
en las manos disparaba al firmamento y le decía al representante:
Vea hijueputa; si no hubiera traído este par de viejas, usted hubiera
sido cadáver malparido. Bueno y a ustedes sólo las necesito
para que me toquen una canción La banda del carro rojo.
Esa noche las Hermanas Calle repitieron esta canción más
de veinte veces.