Esta sección está dedicada
a mostrar la riqueza musical de la cultura paisa y a presentar a esos
personajes que han hecho historia a través de su música,
esperamos que sea de su agrado.
* Algunas de estas biografias han sido tomadas del libro "música
del pueblo pueblo" de Alberto Burgos Herrera.
Fausto Luis
Javier Piedrahita Gaviria, nombre de pila de Fausto, nació en Medellín
el 25 de abril de 1950.
Además de ser un brillante intérprete, se ha destacado como compositor
de temas andinos, baladas y boleros. Su primer éxito, ‘Beber,
para qué’ fue el inicio de una exitosa carrera musical.
Lugo de otra serie de nuevos temas de gran aceptación produce su ‘Soñando
con el abuelo’ y ‘Susana’, Además de brillante intérprete
se ha destacado como compositor de temas andinos, baladas y boleros.
El público lo recuerda por el estribillo "Susana, Susana, estoy
loco por tu amor...", de una de sus canciones que ayudaron a enamorar
a toda una generación de colombianos. Él era Fausto, un cantante
paisa que sacaba más de un suspiro entre los años 70 y 80,
y cuyo matrimonio con la modelo María Hanna despertó la envidia
de sus contemporáneos (hoy, lleva dos años casado con María
Patricia Álvarez). Aunque nunca se alejó de la música
ni de los escenarios, su presencia en Colombia fue menor en las dos últimas
décadas. "Yo viví en Estados Unidos por más de
10 años", cuenta Fausto, cuyo nombre de pila es Luis Javier Piedrahíta.
Se ha destacado como intérprete y compositor de temas andinos, baladas
y boleros. Su primer éxito, “Beber, ¡para qué!” fue
el inicio de una exitosa carrera musical. Luego le sucedieron éxitos
como "Conoces a Peyo?", "No me acuerdo donde dejé el
escobillón" y "Poder negro!"
Luego de otra serie de nuevos temas de gran aceptación produce su “Soñando
con el abuelo”, en 1989, tema que ha alcanzado notable éxito.
A Fausto le correspondió vivir una época de muy tristes recuerdos
sobre violencia y pérdida de valores que aún padece Colombia,
y en particular su tierra natal Antioquia. "Soñando con el abuelo" es
un poema que habla de todo ello.
El cantautor antioqueño que enamoró a la generación
de los años 70 y 80 con sus boleros y baladas habla sobre su vida
y del origen de algunas de sus canciones. Sigue dedicado a la música,
a sus negocios y a vivir tranquilo. Entrevista.
Entrevista con Fausto
Por: Ana María Gaviria Aguilar
A sus 60 años de edad y después de haber pisado escenarios
de Estados Unidos, Europa, Australia, Suramérica, de toda Colombia;
de ser el ídolo de jovencitas que vestían minifalda en los
años 60, de chicos que se echaban gomina en los 70; de tener canciones
en el número uno de las emisoras… el cantante Fausto no aspira
a más fama: simplemente le gustaría tener una tiendita pequeña
de pueblo y, en una vida reposada, conocer allí las historias de la
gente.
“Sé quién soy: soy lo mismo que tú. Un ser humano
parte de todo un proceso, con mucha conciencia de ser más que de tener.
Tener es algo que me gusta y que me disgusta porque si alguna cosa hay harta
en la vida es tenerse que llevar a las espaldas todo lo que uno ha visto,
conseguido, comprado: la única carga que no me gusta dejar son mis
libros”. De esa manera se define Luis Javier Piedrahíta Gaviria,
conocido por varias generaciones de colombianos simplemente como Fausto.
Este hombre creyente, amable, cercano, alto, robusto,
de piel clara, mirada profunda, cabello y ojos oscuros, nació en Medellín el 25 de
abril de 1950 como primogénito de un hogar conformado por otros siete
hijos.
Desde muy niño tuvo gran pasión por el arte en general, no
sólo por la música. Le gustaba la poesía, la danza,
la pintura, la composición y la escultura.
Para él, “el arte es una expresión que saca del hombre
cosas que no puede sacar otra cosa diferente, es como una religión
sin nombre de religión, una forma de encontrarse con sí mismo,
con la naturaleza, con lo que le ayuda a crecer”.
Empezó a estudiar música en el Instituto de Bellas Artes pero
no terminó. Su carrera fue más de intérprete y de compositor.
En la siguiente entrevista cuenta aspectos de su carrera artística
y de su vida:
¿Por qué Fausto?
“
Comencé llamándome Luis Greco porque me gustaba mucho la pintura
del Greco y porque sentía que tenía que ponerme un nombre que
no fuera el mío, que era un nombre muy largo y muy común.
Entonces un día, con el primer manager que tuve, que se llamaba Gustavo
López, iba bajando por La Playa a coger la Avenida Primero de Mayo.
En esa avenida había un teatro que se llamaba María Victoria;
hoy en día eso está ocupado por almacenes y centros comerciales.
Era un teatro muy importante de la época y ese día en la cartelera
estaba el anuncio del “Doctor Fausto”, de quien yo había
tenido la oportunidad de leer el libro unas 14 o 15 veces en dos años
porque me había apasionado demasiado.
El libro “El Fausto”, de Wolfgang Goethe, al principio no lo
entendí mucho, no lo digerí, pero me cautivó la forma
como él se iba metiendo en el terreno espiritual. Hoy en día,
cuando tengo tiempo, leo cualquier página de él: son cosas
tan actuales como lo eran en ese momento.
Es uno de los escritores más prolíficos, no sólo escribió poesía,
sino que su novela es considerada como la más importante de su tiempo
y para mí esta obra y la de Cervantes son las más importantes
en la historia de la Humanidad”.
“Beber para qué” es el inicio de su carrera musical. ¿Cómo
nace esta canción?, ¿a quién o qué está dedicada?
“
Esta fue la primera canción que hice y fue el primer tema que se grabó también.
La gente de la disquera no creía mucho que los colombianos pudiéramos
ser buenos compositores, tenían la duda e hicieron un disco que en
esa época se llamaba de “45 revoluciones”, al cual le
pusieron por detrás una canción de un español llamada “Jamás
la olvidaré”. Y por el lado A pusieron mi canción como
una opción. Gracias a Dios triunfó la que yo había hecho
y ahí comenzó mi carrera.
Esta canción la escribí en un momento en el que yo estaba
buscando la verdad, me sentía en la necesidad de buscar temas que
me ayudaran a encontrarla. Una verdad que durara más de lo que dura
una verdad, más allá de los paradigmas que se llaman verdad
hoy.
Además, en ese momento estaba leyendo a Goethe, Shakespeare, Cervantes,
en fin, a una cantidad de autores clásicos que estaban cuestionándose
todo el tiempo sobre la verdad y sobre lo real, más allá de
esta realidad aparente. Y entonces mi sed era esa.
No llegué con el asunto de beber para olvidar, pero sí me
daba cuenta de que el que bebía no tenía efectos secundarios
positivos, sino efectos negativos porque siempre la pena continuaba ahí.
La pérdida que es una ilusión porque uno no puede perder lo
que no es de uno.
Resulta que la gente se queda detenida en una posesión, en el es
mío, entonces pasan cosas como beber para qué…”.
“SOY UN AVE PASAJERA”
Seguíamos sentados en la sala de su apartamento en Medellín,
ubicada en el barrio Patio-Bonito, en El Poblado. Cada vez se hacía
más tarde, pero la conversación era fluida y amena.
Su espalda erguida en una silla de plástico blanca y sus brazos sobre
las piernas, su mirada noble y la tranquilidad al expresarse, hacían
de él un hombre bastante agradable y sencillo.
En medio de la conversación se escuchaban los pasos de su esposa,
María Patricia Velásquez, con quien lleva 10 años de
casado, después de haberse divorciado de la madre de su hija y su
primera esposa, la ex modelo María Hanna. Una mujer que amó mucho
pero que, como afirma él en un tono seco y cortante, “ya es
pasado”.
Fausto ha vivido en Estados Unidos, en Inglaterra, en
España y en
Colombia, en su casa de Tabio (Cundinamarca). Sin embargo, como dice él, “soy
un ave pasajera”. Por ejemplo, “hace poco compré este
apartamento en Medellín y así voy y vengo”.
“Susana, Susana estoy loco por tu amor” es una de sus canciones
más conocidas, ¿usted la escribió?, ¿quién
es Susana?
“
Es una canción por la que mucha gente me pregunta dice sonriendo.
Esa canción tiene versión española, pero la original
es italiana; sin embargo, no tuvo tanto éxito. Luego la hizo un grupo
inglés que compuso “Susana” y posteriormente realizaron
otro éxito y ya, nunca más hicieron más canciones que
tuvieran un éxito mundial.
El rock europeo, especialmente en inglés, llegó con mucha
fuerza y nosotros optamos por hacer un rock en español con tal éxito
que abrimos récord en los países europeos.
Pero no hay ninguna persona en especial, si te digo
te vas a reír.
La única persona que se llama Susana en mi vida es mi abuela paterna
y era un ser totalmente apático a todo lo de la modernidad y esas
cosas. Ella fue una de las mujeres que más me acercó a Dios.
Hay una historia que recuerdo mucho de la abuela: una
vez llegó una
prima de ella con sus amigas a la casa, estaban sentadas en el comedor y
conversando conversando llegaron al tema mío. Yo estaba comenzando
mi carrera musical y a una de ellas se le ocurrió decir que cómo
era posible que iba a ser el único de la familia dedicado al arte.
Ellas veían en él una prostitución, una perdición,
pero nunca caían en la cuenta de que uno a través del arte
podía conseguir objetivos que con muy pocas carreras se obtenían,
entonces la abuela les dijo que ella no estaba de acuerdo con lo que habían
expresado porque consideraba que yo me había dedicado a la carrera
más difícil de todas: “a la carrera de ser hombre”,
es decir, tener conciencia del otro, amarlo, respetarlo y ayudarlo como si
fuera propio”.
Otra canción muy recordada de este canta-autor antioqueño
que enamoró a la generación de los años 70 y 80 con
sus boleros y baladas es “Agua caliente”, escrita por una brasileña
llamada Martiña. “Cuando yo conocí la canción,
Martiña la había acabado de grabar en España y resulta
que yo me enamoré de esa canción y la seguí entonces
interpretando”, asevera Fausto.
Actualmente Fausto sigue entregado a la música, a los negocios y,
como afirma él, “al trabajo con Dios que es lo más importante
que hago y con la gente que quiere. En mi tiempo libre o cuando lo necesito
hago cositas de carpintería que me gusta mucho. Así mismo,
me encantaría tener una tiendita de pueblo, y conocer a la gente y
sus historias”.