Para ello, el
equipo del profesor Paul Elliot ha analizado los datos del 'UK
Air Quality Archive', un archivo estatal que contiene información
sobre la contaminación ambiental en Reino Unido. En este
informe se han registrado los niveles de las sustancias contaminantes
existentes en el aire de ciertas zonas del territorio nacional.
El sondeo se llevó a cabo por medio de una red de monitores
que midieron las cantidades de partículas en suspensión
y de SO2 en las áreas elegidas y se realizó en
16 periodos de tiempo entre abril de 1966 y marzo de 1994.
Los investigadores también
contabilizaron las muertes producidas en dichas zonas en cuatro
intervalos de tiempo (de cuatro años cada uno) intercalados
entre las fases del sondeo. El último periodo de tiempo
analizado comprendió desde 1994 hasta 1998. Así,
contrastaron las fluctuaciones de los niveles de las sustancias
contaminantes con las tasas de mortalidad en las zonas estudiadas.
El estudio muestra que
las concentraciones de SO2 y humos negros descendieron a lo
largo de los 16 años analizados, especialmente en el último
periodo. Según los autores, esto se debe a cambios estructurales
y tecnológicos introducidos en el país con el
objetivo de controlar las emisiones de contaminantes a la atmósfera.
Ahora los coches contaminan
más
El trabajo destaca que
la contribución de las distintas fuentes de contaminación
ha cambiado en estos años: las industrias ya no son
las que más contaminan (y, por eso, según el
trabajo, no se registran altos niveles de polución en
la actualidad). El incremento de los coches que utilizan diésel
como combustible en Reino Unido ha sido, según la investigación,
el motivo por el que han aumentado los riesgos de sufrir muerte
prematura por problemas respiratorios en el último intervalo
de tiempo estudiado.
Estudios precedentes ya
habían alertado de los peligros que conlleva la contaminación
ambiental. Según un trabajo de la Fundación Europea
del Pulmón, los efectos de los humos negros en los pulmones
son, entre otros, irritación en nariz y garganta, posibilidad
de muerte por enfermedades pulmonares y cardiovasculares y
asma.
Asimismo, las consecuencias
de la inhalación de SO2 son, según la misma investigación,
enfermedades respiratorias, agravamiento de enfermedades pulmonares
y cardiacas (especialmente en pacientes asmáticos),
dificultades para respirar y aumento de los riesgos de sufrir
una muerte prematura por estas causas. Otros estudios de esta
fundación, publicado en 2000, que investigó la
contaminación atmosférica de Austria, Francia
y Suiza, concluyó que el fenómeno causaba el
6% de las muertes en estos países.
Los autores del nuevo estudio
británico han resaltado en sus conclusiones la importancia
de desarrollar políticas para controlar la contaminación
atmosférica y minimizar sus daños en la medida
que sea posible.
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