Anécdotas,
cuentos, e historias un lugar para compartir experiencias
Comparte alguna anécdota o historia
que hayas vivido, envíala al correo electrónico:
paisasin@hotmail.com.
Forever
Young
Gran Hombre
Oración de apertura en el senado de Kansas.
Sólo se necesita
un abrazo
Hace veinte años, yo manejaba
un taxi para vivir. Lo hacía en el turno de la noche y mi taxi
se convirtió en un confesionario móvil. Los pasajeros se
subían, se sentaban atrás de mí en total anonimato,
y me contaban acerca de sus vidas. Encontré personas cuyas vidas
me asombraban, me ennoblecían, me hacían reír y me
deprimían. Pero ninguna me conmovió tanto como la mujer
que recogí en una noche de agosto.
Respondí a una llamada de
unos pequeños edificios en una tranquila parte de la ciudad. Asumí que
recogería a algunos saliendo de una fiesta o un trabajador que
tenía que llegar temprano a una fábrica de la zona industrial
de la ciudad.
Cuando llegué a las 2:30 am
el edificio estaba oscuro excepto por una luz en la ventana del
primer piso. Aunque la situación se veía peligrosa,
yo siempre iba hacia la puerta. Este pasajero debe ser alguien que
necesita de mi ayuda,razoné para mí.
Por lo tanto caminé hacia
la puerta y toqué... "un minuto" respondió una
frágil voz. Pude escuchar que algo era arrastrado a través
del piso, después de una larga pausa, la puerta se abrió.
Una pequeña mujer de
unos ochenta años se paró enfrente de mí. Ella
llevabapuesto un vestido floreado, y un sombrero con un velo, como
alguien de una película de los años 40"s. A su
lado una pequeña maleta de nylon. El departamento se veía
como si nadie hubiera vivido ahí durante muchos años.
Todos los muebles estaban cubiertos
con sábanas, no había relojes enlas paredes, ninguna
baratija o utensilio. En la esquina estaba una caja de cartón
llena de fotos y una vajilla de cristal. La señora repetía
su agradecimiento por mi gentileza.
- "No es nada",
le dije. "Yo sólo intento tratar a mis pasajeros
de la forma que me gustaría que mi mamá fuera tratada".
|
|
- "Oh, estoy segura de que
es un buen hijo", dijo ella. Cuando llegamos al taxi me dio una
dirección, entonces preguntó: - "¿Podría
manejar a través del centro?". - "Ese no es el camino corto", le respondí rápidamente.
- "Oh, no importa", dijo ella, "No tengo prisa, estoy
camino del asilo". La miré por el espejo retrovisor, sus
ojos estaban llorosos.
- "No tengo familia"- ella continuó, "el doctor
dice que no me queda mucho tiempo". Tranquilamente estiré mi
brazo y apagué el taxímetro.
- "¿Qué ruta le gustaría que tomara?",
le pregunté. Por las siguientes dos horas manejé a través
de la ciudad. Ella me enseñó el edificio donde había
trabajado como operadora de elevadores. Manejé hacia el vecindario
donde ella y su esposo habían vivido cuando ellos eran recién
casados. Ella me pidió que nos detuviéramos enfrente
de un almacén de muebles donde una vez hubo un salón
de baile, al que ella iba a bailar cuando era joven. Algunas veces
me pedía que pasara lentamente enfrente de un edificio en particular
o una esquina y veía en la oscuridad, y no decía nada.
Con el primer rayo de sol
apareciéndose en el horizonte, ella repentinamente dijo:
- "Estoy cansada, vámonos ahora".
Manejé en silencio hacia la dirección que ella me había
dado. Era un edificio bajo, como una pequeña casa de convalecencia,
con un camino para autos que pasaba bajo un pórtico.
Dos asistentes vinieron hacia el taxi tan pronto como pudieron. Ellos
debían haber estado esperándola. Yo abrí la cajuela
y dejé la pequeña maleta en la puerta. La mujer estaba
lista para sentarse en una silla de ruedas.
- "¿Cuánto le debo?", ella preguntó,
buscando en su bolsa.
- "Nada", le dije.
- "Tienes que vivir de algo", ella respondió.
- "Habrá otros pasajeros", yo respondí. Casi
sin pensarlo, me agaché y la abracé. Ella me sostuvo
con fuerza, y dijo:
- "¡¡¡Necesitaba un abrazo!! !"
Apreté su mano, entonces caminé hacia la luz de la mañana.
Atrás de mí una puerta se cerró, fue un sonido
de una vida concluida. No recogí a ningún pasajero en
ese turno, manejé sin rumbo por el resto del día. No
podía hablar,
¿Qué habría pasado si a la mujer la hubiese recogido
un conductor malhumorado o alguno que estuviera impaciente por terminar
su turno?, ¿Qué habría pasado si me hubiera rehusado
a tomar la llamada, o hubiera tocado el claxon una vez, y me hubiera
ido? .
En una vista rápida, no creo que haya hecho algo más
importante en mi vida.
Estamos condicionados a pensar que nuestras
vidas están llenas
de grandes momentos, pero los grandes momentos son los que nos atrapan
bellamente desprevenidos, en los que otras personas pensarán
que sólo son pequeños momentos. La gente tal vez no recuerde
exactamente lo que tu hiciste lo que tú dijiste... pero siempre
recordarán cómo los hiciste sentir.
La
vida hay que aprovecharla al máximo, ya sabes cuánto has vivido?, reflexiona sobre
tus logros y metas, te ha faltado tiempo, mira cuánto tiempo
has vivido en total y reflexiona. HACER
EL CÁLCULO
* La
ortografía
y la redacción
de los artículos enviados por los lectores son responsabilidad
de estos, PaisasIn, no edita su contenido.
Volver a anécdotas